
Capítulo 3: Las Sombras que Llegan
Un día, personas del pueblo vinieron a él envueltas en sombras.
Las sombras aparecían como cansancio, prisa, soledad, expectativas excesivas, una sed que no se saciaba, y una ansiedad que no encontraba palabras.
El Oyente del Viento no ahuyentó las sombras. No eran maldad— solo formas de desajuste.
Acomodó el fuego, acomodó el aire, y acomodó la quietud.
Entonces, las sombras comenzaron a desvanecerse por sí solas.
La gente se sorprendió. « ¿Qué hizo usted? » preguntaron.
Él respondió: « No hice nada. Solo les ayudé a regresar al lugar que les pertenece por naturaleza. »