
El hombre enciende el pequeño fogón sobre la mesa.
La diminuta llama se mece
como una mañana de montaña aún intacta,
revelando suavemente la sombra del pasado
hundida en lo profundo de su pecho.
El vapor que asciende del cocedor
tiembla como el aroma lejano
de decisiones antiguas y palabras no dichas, acariciando en silencio su mejilla.
El gato sigue el vapor con la mirada,
meciendo lentamente la cola
como si dijera:
«Hay cargas que ya no necesitas llevar.»
El hombre prueba un sorbo de café recién hecho.
En la habitación oscura,
el tenue aroma que queda tras afeitarse
le recuerda no el acto de cortar,
sino la valentía tranquila de “soltar”.
Para la montaña que le espera,
no debe llevar peso innecesario.
Con la mirada baja,
susurra como si recogiera
las palabras que quedaban en su pecho.
«Pasado… aquí te dejo.»
ToEbe.
Hacia el margen.