
1. El calor detrás del muro
Soy un ladrillo nacido en el Norte,
forjado por el fuego y la nieve,
marcado en el corazón por la memoria de la tierra.
Me colocaron aquí hace mucho tiempo.
Era solo parte del muro,
un silencio que sostenía la vida.
En las mañanas de invierno
oía el crujido de la nieve.
En las noches de verano,
la risa de los niños hacía vibrar mi cuerpo.
Absorbí todo:
la madera, el trigo, el aceite,
y la presencia humana.
2. La respiración bajo la nieve
El tiempo pasó.
La puerta se cerró.
El granero se volvió tan quieto
como una noche de invierno.
Pero no cedí.
Las construcciones del Norte
conocen el arte de resistir.
3. El soplo que trae el viento
Un día sentí un calor mínimo,
como el agua del deshielo
corriendo bajo la tierra.
«Alguien aún me escucha.»
Esa persona no tocó la puerta.
Solo observa, desde lejos.
Pero la temperatura de su mirada
calentó el muro.
Los ladrillos sienten eso.
4. El diálogo del silencio
Aquí nada tiene prisa.
Los muros no piden nada.
Solo esperan,
bajo el peso de la nieve.
Así que devolví un poco de calor.
Fue suficiente.
5. La víspera del despertar
Si algún día esa persona
pone la mano sobre mis grietas,
responderé.
Si enciende de nuevo el fuego del granero,
despertaré.
No sé cuándo.
No necesito saberlo.
6. Donde el fuego aún puede llegar
Recibo la nieve, el viento, el tiempo,
y espero la presencia humana.
El calor lejano que me alcanza,
lo guardo en lo más hondo de mí.
Solo eso
me mantiene vivo.